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viernes, 7 de marzo de 2014

Cuento...La tristeza y la furia....Jorge Bucay "El Gordo"


En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...


En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.

Había una vez... un estanque maravilloso.  Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los  colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban  permanentemente...

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.  La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se  baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...

Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así  que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza... Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar  donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin  conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al  desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia,  ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien,  encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del  disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.



CUENTO....Yo quiero ser feliz...Dice el ser humano.....

Una tarde, hace muchísimo tiempo, Dios convocó a una reunión.
Estaba invitado un ejemplar 
de cada especie.



Una vez reunidos, y después de
escuchar muchas quejas, Dios soltó
una sencilla pregunta:




"¿Entonces, qué te gustaría ser?" a la que cada uno respondió sin tapujos y a corazón abierto:

La jirafa dijo que le gustaría ser un oso panda.
El elefante pidió ser mosquito.
El águila, serpiente.
La liebre quiso ser tortuga, y la tortuga, golondrina.
El león rogó ser gato.
La nutria, carpincho
El caballo, orquídea.
Y la ballena solicitó permiso para ser zorzal...

Le llegó el turno al hombre, quien casualmente venía de recorrer el camino de la verdad, hizo una pausa, y esclarecido exclamó:"Señor, yo quisiera ser... feliz."


Viví García,
Me gustaría ser


DIALOGO....VIKTOR FRANKL Y SEÑORA LINEK

-      Dr. (Doctor)  Querida Señora Linek ¿Qué piensa  usted ahora de su larga  vida, viéndola en retrospectiva, ¿fue una vida hermosa?

-      P. (Paciente) ¡ah! Señor profesor, debo decirle realmente que fue una buena vida. La vida era tan bonita y que debo agradecerlo al señor  todo lo que me regaló, asistí a teatro, fui a concierto. Sabe usted la familia en cuya casa serví  en Praga, hace muchas decenas de años, con frecuencia nos llevaba a conciertos y ahora tengo que agradecer al señor  toda esa cosa hermosa.

-      Dr. Usted habla de experiencias muy bonitas, señora Linek. Pero, ¿no se acaba  eso ahora?



-      P (pensativa) Sí, todo eso se va acabar ahora.

-      Dr. Dígame usted señora Linek ¿cree usted que con eso va quitarse del mundo todas las cosas bonitas  que usted experimentó? ¿qué ha perdido su validez? ¿qué se convirtieron en nada?

-      P. (Todavía pensativa) Esas cosas hermosas que yo viví...

-      Dr. Dígame señora Linek. ¿Puede alguien que no haya sucedido la felicidad que usted vivió? ¿puede alguien extinguirla?

-      P. Tiene usted razón señor profesor, nadie puede hacer  que no haya  existido.

-      Dr. ¿O puede alguien extinguir la bondad que usted encontró en su vida?

-      P. No tampoco nadie puede hacer eso

-      Dr. ¿puede convertir en nádalo que usted logró y alcanzó con su esfuerzo?

-      P. Tiene usted mucha razón señor profesor,  nadie puede quitar eso de la realidad.

-      Dr. ¿puede aniquilar alguien lo que usted soportó con valentía y entereza? ¿puede  alguien sacar  eso del pasado? ¿de ese pasado en el que usted lo ha rescatado en el que usted lo ha cosechado y guardado? ¿en el que usted lo ha reservado y almacenado?

-      P. (conmovido ahora  hasta las lagrimas) Nadie puede hacerlo. Nadie. (después de una pausa) ciertamente he tenido  que sufrir mucho. Pero también me esforcé para aguantar los golpes que me dio la vida. ¿comprende usted?, señor profesor. Yo creo que el sufrimiento es un castigo. Porque creo en Dios.

-      Dr. Pero dígame, señora Linek, entonces el sufrimiento ¿no puede ser una prueba? ¿no puede haber sucedido también que Dios haya querido ver como soportaba la señora Linek?

Y al final tal vez tuve que conceder  que ciertamente  lo había soportado  con valentía. Y ahora dígame usted: ¿qué piensa usted ahora, puede alguien hacer que no haya sucedido esas cosas que usted  hizo?

-      P. No, nadie puede
-      Dr. Eso ciertamente permanece ¿o no?
-      P. así es, eso permanece

-      Dr. Sabe señora Linek. ¡No solo hizo bien toda esa suerte de cosas en su vida, sino que además sacó partido de esos sufrimientos. Y en ese aspecto usted es un ejemplo  para nuestros pacientes. ¡Felicito a sus compañeros del hospital  porque la pueden tomar como ejemplo.

En ese momento sucedió algo que nunca había sucedido  en una conferencia: Los 150 oyentes, estallaron en un aplauso espontaneo.

-   Dr. Mire señora Linek,  este aplauso es para usted, le aplauden a su vida  que fue una sola gran realización.   Puede estar orgullosa de su vida y que pocos hombres pueden  estar orgullosos de su vida. Podría decir  señora Linek  que su vida es un monumento que ningún hombre  puede suprimir de la realidad.

Lentamente  salió la anciana de la sala de conferencia y una semana después murió. Sus últimas palabras registradas en su historial medica fueron las siguientes: "Mi vida es un monumento, dijo el profesor a los estudiantes en la sala de conferencias por lo tanto mi vida no fue inútil"


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Frankl, Victor E. (1978)  Psicoanálisis y Existencialismo. E.d. FCE


La silla vacía.... y el terapeuta.....








Ha partido mi paciente, solo me he quedado. Jornada larga y movida que se encuentra en paz y yo en ella, la noche y yo, juntos, iniciando un romance de tranquilidad.

Poco a poco me voy aquietando, regreso a mi ser, un suspiro largo y profundo me permiten darme cuenta que estoy en movimiento, el interno, conmigo mismo, en la reflexión.

Afuera, las gotas comienzan a caer, el vacío y lo negro del cielo ante mis ojos, no veo, no percibo, simplemente esperando, de pronto el cielo se ilumina, la sorpresa ante mis ojos, las nubes se dibujan cual silueta inesperada, la luz en la oscuridad, ahora me doy cuenta. ¿Y? -me pregunto-.

Un día más de trabajo terapéutico, pacientes e historias desfilaron por aquí y yo con ellos, ya se han ido y puedo recordarlo, hacerlo consciente, darme cuenta de lo que sucedió a ellos y a mi. ¿Y?, ¿qué hay más allá de la terapia? ¿Qué sigue? Esperar el día de mañana a que lleguen los pacientes, esperar la semana, el mes, el año. ¿Y?

Esto se puede convertir en un trabajo rutinario, monótono, mecánico, dejándome llevar tanto por el río y yo sin darme cuenta dónde estoy. Algo debe haber más allá, estoy seguro, no puede ser tan neutral, si lo pienso: el otro crece y yo también, dentro de nuestra circunstancia particular y si es aprovechada la oportunidad o de lo contrario hay involución a un trabajo no provechoso.

Yo soy el terapeuta, me han dicho, estudie y estudie y aquí estoy, después de haber leído y leído todos esos libros, mismos que son el reflejo de lo que alguien hizo en un momento: vivir, observar, percibir, escribir. He leído la vida escrita. Ahora estoy en esa vida, con pacientes, ya no hay escuela, sin embargo, no hace falta, ya sé por dónde caminar y me doy cuenta que estoy en la mejor escuela, inmerso en un mundo: el de la vida.

Esa vida, única e irrepetible como los suspiros de este momento. Una vida de submundos, los de cada persona, historias que pasan en y por el consultorio, por mi cabeza, mi sentir y todo mi ser. ¿Y?. Soy el terapeuta y puedo pasar toda mi vida como un mundo mudo, sin hablar, sin decir lo que vivo, lo que he aprendido o puedo compartir de mi experiencia, la experiencia de ser lo que soy, ser yo.

Compartir, es también una responsabilidad del terapeuta, no solo copiar lo que otros dicen, lo que se lee. Teóricamente es generar conocimientos y darlos a conocer. El espacio terapéutico es un núcleo de investigación, es el semillero, el gran examen de nuestra profesión; dónde está lo que se descubre y encuentra, dónde esta la vivencia no pensada, la que surge de repente, la del origen de las grandes creaciones. ¿Esperar tranquila o activamente, el día de mañana?

No todo el tiempo, algunos instantes pueden ser muy provechosos. ¿De verdad el terapeuta se cree todo lo que lee, lo acepta incondicionalmente sin asumir una postura, se mantiene al margen epistemológico de generar conocimiento? ¿Dónde están los nuevos aportes? No busquemos un hilo conductor, empecemos primero por hablar, por decir, luego vendrá lo otro.

Puede ser la propia experiencia, aunque parezca insignificante, siempre habrá alguien que lea y lo leído se convierta, después de su reflexión, en un hilo detonador de creatividad escrita. ¿Será cuestión de atreverse a hablar y escribir? O ser, fuera del recinto educativo, un esclavo del consultorio.

Responsabilidad implica ser un participante activo de la generación epistemológica del conocimiento y ello alcanza a la Gestalt. Mucha gente ha dicho, lo que sigue es esperar a que otros digan, leerlos y decir: sí, sí, es cierto, comulga con lo que pienso y siento. ¡Pero si eso también lo pudiste decir tú! ¿Qué paso, por que no hablaste? ¿Qué estas esperando para hablar tu también?

Hazte escuchar terapeuta gestalt, aquí y ahora, después de que se han ido tus pacientes, estando esa silla vacía, ¿quién queda? Sólo tú, habla contigo, de tu gestalt, de lo que se te ocurre, de tus dudas y reflexiones, de lo que se te ocurrió, de lo que hiciste desde ti mismo.

Atrévete a probar, arriésgarte a aprender, no sólo a repetir ejercicios. Crea nuevas relaciones conceptuales, no esperes a que esa silla vacía se ocupe, ya está llena de riquezas, date el chance se verlas, escucharlas, sentirlas, descúbrelas como el rayo a las nubes.

Si lo meditas por unos instantes, ya esta ocupada, es la silla que queda en tu interior, háblate a ti mismo. Llena esa silla vacía como lo hace el paciente, con tus historias y tu sentir, que hable el terapeuta, la persona que tú eres y después sigue esperando otro día, como la hoja de un cuaderno en blanco, no para hacer lo mismo, a lo que estás acostumbrándote, sino algo diferente, con un objetivo personal, profesional y científico. Ser hombre de ciencia y con responsabilidad humanista y de salud, exígete compromiso, dedicación, entrega, pero no sólo al interior, también al exterior, vive la vida y después reflexiona y escribe acerca de ella.

Es como las recetas familiares, se transmiten de generación en generación. Y nosotros, la gran familia gestalt, ¿qué es lo que vamos a transmitir y dejar a los siguientes terapeutas? ¿Somos sólo repetidores o podemos darle un condimento diferente al platillo?

No busques dar a conocer un nuevo platillo, ya terminado, primero selecciona los ingredientes, mezcla, prueba; en consecuencia el platillo resultará. Yo ya tengo mi condimento, el tuyo ¿cuál es? No te preocupes, alguien te leerá, repetirá tus palabras: sí, sí, es cierto, comulga con lo que creo.

Entones, resultará que de las ideas que compraste, algo darás y alguien te comprará, ya después a él le tocará la tarea que tú hiciste. Sin embargo, si no hablas y escribes, ¿quién te escuchará o leerá?

El conocimiento actual se ha creado con la palabra de muchos y así seguirá; como esas gotas que caen, son muchas, de diversos tamaños, sólo juntas son lluvia y sólo así se moja el piso, lo de arriba y abajo se vuelven uno.

Seamos las gotas de lluvia, la lluvia gestalt, mojemos de nosotros mismos lo que este afuera, allá, lejos de este consultorio. Busca el día en que puedas decir: Ahora siento que la silla ya no esta tan vacía, esta llena de la esencia de mi profesión: el ser humano.

En el consultorio Por: Psic. Fernando Romero Guzmán

POEMA..QUIERO SER EN TU VIDA.......

Quiero ser en tu vida algo más que un instante,
algo más que una sombra y algo más que un afán.

Quiero ser, en ti misma, una huella imborrable y
un recuerdo constante y una sola verdad.

Palpitar en tus rezos con temor de abandono. Ser, en todo y por todo, complemento de ti.

Una sed infinita de caricias y abrazos; pero no una costumbre de estar cerca de mí. sino un amigo acompañandome en todo momento

No quiero ser en tu vida una pena de ausencia y un dolor de distancia y una eterna ansiedad.

Algo más que un instante, y algo más que el ensueño que venciendo caminos, llega, pasa y se va.

Ser el llanto en tus ojos, y en tus labios la risa.
Ser el fin y el principio. La tiniebla y la luz. Y la tierra, y el cielo; y la vida y la muerte.
Ser, igual que en mi vida, has llegado a ser tú.